No puedo describir lo emocionada que estoy por participar en un proyecto tan bonito como este. Deseo, con todo el corazón, que las palabras aquí expuestas te acerquen a Dios y a la grandeza del trabajo en la Iglesia.

Mi primera colaboración se llama:

Terminó la misión ¿qué sigue?

Cuando fui a mi primera misión, era Semana Santa y Dios me permitió que esa experiencia fuera en la Sierra Tarahumara.  Era una adolescente de 16 años y no tenía bien definidas mis expectativas de cómo terminaría esa jornada de evangelización.  Al final, regresé no sólo evangelizada, sino con una visión diferente del mundo que me rodea. Incluso, no importó el hecho que llegara cansada después de varias horas de viaje hasta Torreón… me puse a barrer el patio de mi casa.

Casi 19 años han pasado de aquella primera misión en la Sierra y de esas les siguieron otras jornadas en diversos puntos de la República. Pero este año, mi rol cambió y no acudí, pero fui capacitadora de una chica de nombre Paulina que iría por primera vez a la Misión y fue enviada a Ceballos, Durango.

El celular hizo posible constatar que estaba algo nerviosa y con sentimientos encontrados, pensando sí podría cumplir con esta encomienda pero, al final, regresó sumamente feliz. Le pregunté: una vez que has experimentado la misión ¿qué sigue? Y no titubeó en contestar: “Prepararme más y mejor y, sin duda, volver a agarrar valor para irme a la siguiente. Dar gracias a Dios una y mil veces”. Esto último supuse que fue por la oportunidad.

Hasta aquí pudiéramos preguntarnos ¿por qué presentamos esos sentimientos? San Pablo en su primera carta a los Corintios lo expone de manera contundente:

Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!

Si yo realizara esta tarea por iniciativa propia, merecería ser recompensado, pero si lo hago por necesidad, quiere decir que se me ha confiado una misión.

¿Cuál es entonces mi recompensa? Predicar gratuitamente la Buena Noticia, renunciando al derecho que esa Buena Noticia me confiere.

Quienes lograron tener presente estos criterios ¡Felicidades! han obtenido los beneficios de llevar la Buena Nueva. Pero es claro que las cosas no concluyen en el sitio o Centro de Misión.  La tarea sigue y he aquí algunas sugerencias:

COMPARTIR: Muchas veces lo hacemos en automático, platicamos la experiencia obtenida de esa jornada con la familia, amigos, seres queridos. Tratemos de ampliar el círculo de personas a compartir, para que tu Testimonio motive a más y más.

EVALUAR: Por muy sencilla y poco estructurada que pueda ser, el equipo misionero o la comunidad misionera enviada debe evaluar: ver lo malo, lo bueno, los resultados, lo que nos sorprendió, lo que nos llamó la atención, lo que nos fue indiferente y muy importante… emitir sugerencias para todos, en especial para quienes nos dedicamos a organizar y capacitar a fin de nutrir el contenido y las prácticas.

CAPACITAR: Algunos grupos van una vez al año a Misión (concretamente Semana Santa) en otros casos, el laico tiene oportunidad de participar en varias ocasiones. Cualquiera que sea tu situación, la capacitación se debe realizar YA. El año se va muy rápido y cuando ya estamos a días de volver a participar, ni siquiera ensayamos aquellas celebraciones o temas a desarrollar.

ORAR: Organizar un encuentro con Dios para dar gracias por la Misión y pedir por aquellos lugares donde se tiene Misión Permanente. La oración es fuente de Fortaleza y Claridad.

Hasta aquí mi comentario, espero les haya gustado. Se aceptan comentarios sobre algún tema que guste atender. Hasta la próxima.

1 Comentario

  1. La misericordia de Dios es tan grande que siempre nos encuentra un lugar donde servirle. Enhorabuena, felicidades por la experiencia y bienvenida a la comunidad tvsaulo

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